Sí, hiper conectados aprendemos más

Vera Rexach, autora del artículo de Sí, hiper conectados aprendemos más, nos argumenta el por qué hoy las personas que se mueven con el multitasking o que están interconectados, aprenden más.  

A continuación le presentamos el artículo publicado en el blog El Monitor, en el portal de Educ.ar. 

¿Los hiper conectados aprenden más? Sí, aprenden más. ¿El multitasking es un mito urbano? No, el multitasking existe. ¿Google nos vuelve estúpidos? A mí no, ¿a ustedes sí?

Esperen, no se enojen, no dejen de leer. Permítanme compartirles una historia personal. Hace muchos años (1995) conocí por casualidad  -y por internet- a Mario Crocco. Si lo buscan en Wikipedia verán que es un neurobiólogo argentino que se dio el gusto de desafiar el concepto mismo de taxonomía de las ciencias naturales, al idear un sistema que permitiera clasificar formas de vida marcianas. Así como lo leen. Un nomen nudum.

Pero yo conocí a Mario cuando internet en el aula de una escuela pública era una rareza y apenas podíamos escribir  un mensaje en estilo botella al mar a una lista de correo electrónico y esperar… Él respondió ese mail de mis alumnos de 7mo grado, envió larguísimos correos, los animó a “pensar por sí mismos, junto al objeto de estudio”, que terminó siendo un triple objeto: el cerebro, los sueños y la locura. Sobre esa temática “inadecuada” los chicos trabajaron por semanas, enfocados y entusiasmados.[1]

La experiencia encendió para siempre mi curiosidad sobre el cerebro que aprende y cómo las tecnologías y en especial la conexión y el diálogo con expertos potencian ese proceso.

Desde ese lejano 1995 hasta hoy, sigo viendo ese efecto, multiplicado y expandido. He visto también que de la admiración entusiasta a la mirada displicente sobre la multitarea hay un camino corto. Asumimos que siempre hemos sido multitarea, despreciamos a quien no puede caminar y mascar chicle. Asimismo advertimos que hay multitareas peligrosas, como mirar el móvil manejando.

Los chicos hacen todo a la vez, qué bueno. Pero todo es superficial, qué malo.

La flaca reputación del multitasking en entornos digitales se relaciona con la capacidad de prestar atención. Flotamos, vagabundeamos mentalmente. Aunque N. Carr dice que “wandering” (errante) bien puede ser la configuración por defecto para el cerebro[2] parece que eso de tener que responder a tantos inputs simultáneos se logra a costa de sacrificar profundidad. Y que  ese trabajito de conmutación del cerebro, -en el fondo, muchas unitareas sucesivas y rápidas-, puede que genere sus embotellamientos y atascos.

Sin embargo, estimulados, entrenados, los cerebros de los hiperconectados conmutan cada vez con mayor eficacia. Ganan tiempo, se enteran de más datos, acceden a más informaciones. Ah, claro, también se vuelven impacientes, el silencio les incomoda y se identifican con Homero Simpson diciendo “me aburro” en el  funeral de Frank Grimes. En ese terreno nos toca a los pedagogos investigar y buscar nuevas respuestas.

Lo que es innegable –sería hasta tonto hacerlo- es que la atención que le “prestamos” a las pantallas está redundando en una red cada día más compleja, más fascinante, más colmada de las ideas y la cultura humana. No sólo aprendemos, también compartimos y por lo tanto, enseñamos más.

Miren por ejemplo el genial hallazgo de Luis von Ahn, al reciclar su propio invento (el Captcha, esas palabras distorsionadas que tecleamos cuando un sitio web quiere verificar que somos humanos y no robots) de modo que aprovechase el tiempo que, en toda la red, se destina por día a tipear esos caracteres. Medio millón de horas ¡diarias! de gente escribiendo lo que cree que dice allí. Luis rediseñó el Captcha para que, en lugar de dos palabras deformadas inventadas, presente dos palabras tomadas de un libro antiguo que a los sistemas de escaneo les cuesta identificar. Ahora, tomando las respuestas más frecuentes, Google digitalizará todos los libros de historia antigua de la humanidad, que de esa manera estarán disponibles en pocos años en formatos comprensibles.

Después de ese invento, von Ahn va por más: se propone traducir todas las páginas de internet a todos los idiomas posibles, y que los traductores no cobren nada por hacer ese trabajo, ya que serán quienes, libre y voluntariamente, se inscriben en Duolingo para aprender un idioma en línea, de manera gratuita. A medida que uno aprende, deja sus huellas: escribe, graba audio, escoge opciones, asocia imágenes con palabras, conjuga verbos, juega, compara sus puntos con otros aprendices… Duolingo recolecta y ordena todas las respuestas correctas, y este material sirve para generar traducciones muy humanas, llenas de sentido y emociones.[3] Cuanta más gente aprenda gratis en Duolingo, más material disponible para traducir toda la web. Sencillo y potente.

Y en la medida en que más personas puedan conectarse y encontrar respuestas a sus preguntas, habrá mayor diversificación, mayor riqueza, más oportunidades de conocer.

Llegados a este punto, tiene poco sentido discutir si la multitarea es una suma rápida de tareas unitarias o un nuevo estilo cognoscente con sus pro y sus contras. A mi me basta con verla florecer por todos lados para entender que, como docente, debo hacer algo con esto.

Las redes digitales, y en especial la posibilidad de una conectividad que cada vez más hace parte de nuestras vidas, también florecen y germinan, también se abren, llenas de misterios, y tentaciones y vericuetos, como una ruta por la cual transitar.

Entonces digo: sí, los conectados aprendemos más. Pero: no sólo los chicos, sino todos los humanos, la sociedad conectada se hace más sabia, de maneras aun extrañas y distribuidas, la sociedad conectada aprende más. Yo elijo caminar -con otros- por esa ruta.

Vea el presente artículo en el blog El Monitor

Fuente: Autor: Vera Rexach. El Monitor. Nº31 Septiembre 2013