Cómo la sabiduría se esparció por todo el mundo

Cómo la sabiduría se esparció por todo el mundo

La sabiduría es un don muy preciado, del cual nadie es el dueño absoluto. Todos tenemos algo de sabios y así lo deja ver este cuento africano y sus protagonistas: un viejo sabio, Ananzi, y su hijo, Kweku Tsjin.

Ananzi era muy popular en su pueblo por su inmensa sabiduría, que había compartido con todos en su país. Era tan sabio que venían de todos los rincones a pedirle consejos. Pero, un día, Ananzi se enfadó con muchas personas que se comportaron mal con él, y, entonces, decidió darles un castigo: pensó en esconder la sabiduría en un lugar donde nadie la encontrara.

Una mañana, salió muy temprano, mientras aún todos dormían en el pueblo. Se disponía a llevar la sabiduría hasta ese escondite secreto. La llevaba en una gran jarra. Salió de su casa y emprendió el camino creyendo que nadie se enteraría de lo que iba a hacer. No se percató de que su hijo, Kweku Tsjin, quien era muy listo, lo seguía. 

Kweku se había dado cuenta, el día anterior, de que su padre tenía algo entre manos. El joven se imaginó que debía ser algo muy importante y, por eso, decidió hacer caso a su curiosidad y averiguar lo que se proponía su padre.

Ananzi llegó a un macizo de palmeras muy altas, buscó la más alta y comenzó a trepar por su tronco para llevar el Jarro de la Sabiduría a la copa, donde nadie la encontraría. Ananzi llevaba la gran jarra amarrada a su cuello con un cordel, junto a su pecho. 

La subida era muy difícil. La jarra se balanceaba de un lado a otro en su pecho y le costaba subir. Sin embargo, Ananzi no renunciaba a finalizar su misión.  Pero, Kweku Tsjin no aguantó y le gritó a su padre desde abajo  que llevase la jarra en la espalda porque le sería más fácil subir.

Ananzi, sorprendido, le respondió que él creyó que llevaba toda la sabiduría metida en la jarra, pero, resulta que su propio hijo le estaba dando una lección de sabiduría.  Decepcionado  por su manera de pensar, dejó caer la jarra, que terminó golpeándose con una piedra y se rompió en mil pedazos. 

Fue, entonces, cuando la sabiduría se esparció hasta los confines de la tierra.

Este cuento les servirá a los docentes para enseñar valores como la humildad y la solidaridad.

A los estudiantes les servirá para aprender a apreciar la experiencia de los mayores.

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Fuente: Proyecto Cuentos para crecer

 

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Lunes, Junio 20, 2016

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